Alcudia

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sábado, 21 de septiembre de 2013

Darse cuenta

Madrid, septiembre de 2013

          Digo yo que para que nos pasamos media vida leyendo las noticias si nada de lo que dice la prensa nos hace feliz? Creo que es una estupidez mental. 

          Comprendo que los especialistas en noticias, los políticos, periodistas y gente que vive de ello lo haga, pero un ciudadano de a pie no debería pasarse horas analizando las noticias. 

          La felicidad esta en otro lado, es otra cosa. Es algo más cercano, más íntimo, más nuestro. Nos quita el sueño Barcenas, Rajoy, Siria, Egipto, los trenes Alvia, los pederastas, las privatizaciones, el paro, etc...? De verdad que sí?

          A mi me preocupa la falta de salud, la falta de dinero o el tráfico diario que he de soportar para llegar al trabajo. Cosas más cotidianas. También me preocuparía que quienes me rodean -familiares y amigos- tuviesen problemas de toda índole o no fuesen todo lo felices que deberían ser. 

          Pero si Obama dice tal y Putin lo contrario, y a su vez El Asad a lo suyo, en que me afecta realmente?  Salvo que la cosa se enredase y acabara en otra guerra mundial y nos viésemos todos implicados. Entonces si, pero, esto va a ocurrir? Posiblemente no. 

          Acaso no está en nuestras manos el cambiar un montón de cosas cercanas? Qué no nos gusta Rajoy ni sus secuaces, pues a no votarles en las próximas elecciones. 

          Que no nos gustan los chorizos, los corruptos y gente de ese tronio? Pues qué actúen como  deben los jueces y todos a la cárcel.

          Así qué a partir de ahora daré mi apoyo a toda propuesta que me soliciten y crea que es justa, pero las noticias de política y economía, adiós. Lo triste del asunto es que hoy en día son el 70% de las noticias diarias de la prensa. El otro 30% lo ocuparía el fútbol, los anuncios, el obituario, la programación televisiva y el mundo del corazón. 

          Acaso me van a dar de comer Bale o Cristiano. Verdad que no? Y los príncipes, princesas, modelos, artistas, afamados y similares? Pues tampoco. Mucho menos los muertos, la pseudocultura o lo que echen hoy en la tele. Entonces a la porra también con todo ello. 

          Con lo felices que seriamos sí dedicáramos el tiempo a escuchar a los demás, a dialogar y a pensar mas en nosotros mismos.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Difícil profesión

Madrid, 19 de septiembre de 2013

          La verdad es que si te dedicas a medicina o enfermería, tienes que ser muy especial. Además de la vocación y de la profesionalidad, que se dan por supuestas, no es fácil dedicarse a una profesión en la que todo lo que te rodea no es más que enfermedades y muerte.

          En el caso de los médicos, una vocación de querer ayudar y sanar al pobre paciente, bien sea como médico de familia, especialista o cirujano. Cuantas veces estos últimos habrán tenido que operar sabiendo que la vida del paciente esta en sus manos y le habrán podido sanar o no habrán podido hacer nada porque no había ningún tipo de solución. 

          Y esto después de miles de casos puede que sea una rutina, pero cuando empiezas debe ser complicado. No por la falta de práctica, que naturalmente la tienen, si no porque ese paciente esta ahí mirándote y silenciosamente diciéndote: sálvame por favor. 

          Y a veces no es posible y me figuro que cada caso que se les va en la mesa de operaciones será un mal trago, un fallo, un error. Pero realmente no lo es, que no siempre es posible, pero el mal sabor de boca queda. No quiero ni pensar si el paciente fuese de su propia familia y no tuviese más remedio que asistirle.

          Tampoco es lo mismo una operacion programada, en la que dispones de todo el tiempo necesario para subsanar el entuerto, que una intervencion por urgencias en la que la celeridad es la clave para salvar una vida.

          Pero y el caso de los enfermeros de los centros hospitalarios? Que fuerza moral hay que tener para aguantar día a día a decenas de pacientes quejándose, chillando, orinandose, haciéndose de vientre, vomitando, escupiendo o lo que se les ocurra. Y todo esto sin flaquear ni perder la sonrisa y la necesaria templanza para que el paciente se encuentre al menos bien cuando le atienden.

          Y seamos sinceros, hay pacientes que, como su nombre indica, lo son, pero muchos otros  piensan que estas personas sólo trabajan para ellos y se pasan el día llamando mil veces, dando órdenes continuamente y molestando a medio hospital, incluido a quien le toque de compañero de habitación.

          Como escuche hace poco, tiene que gustarte mucho la profesión de enfermería para estar la mayoría de las veces rodeado de pus, sangre, mierda, chochos viejos, rabos arrugados y culos caídos. Hay que ser un profesional como la copa de un pino.

          Así qué mi más sincera admiración a estos colectivos de gente que trabaja para nosotros vocacional e incansablemente. Lástima que no lo vea así la administración española y les tenga en mayor aprecio.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Ajustes vivenciales

Madrid, septiembre de 2013

          Hace unos días, hablando con mi querida hija, esta me recordó que nunca he pensado en que tarde o temprano, podría sucederme algo grave que me llevara al huerto. Y me lo decía no porque ella tenga mucho interés en que me pase, que más bien le gustaría que yo durase mucho y bien.

          Y me di cuenta que tiene razón, hay que pensar en estas cosas aunque no sean de agrado. Yo vivo solo y lo poco que tengo, Mis pertenecias y algunos,pocos euros, están sólo a mi nombre y para uso y disfrute personal.

          Así qué me veré en la obligación de darle una lista detallada de mis pertenencias, de los seguros que tengo, donde hay que llamar si fallezco y ponerla como autorizada en la cuenta bancaria que poseo. Que al fin y al cabo ella es mi única heredera y siempre será mejor que lo disfrute ella que se lo quede Hacienda o el banco. 

          Ella, hipotecada por casi cuarenta años, sabe bien que no se deben dejar las cosas así a la ligera. Todo lo tiene estipulado con el notario, con su madre y con el banco, que para ello le exigió este ultimo un seguro de vida y uno contra la hipoteca por sí las moscas sucediera lo inevitable. Ojalá que no. Que no hay cosa más triste que ver morir a un hijo.

          No obstante, y esto es cierto, poco le quedaría por mi parte. Un ordenador portátil, una cámara de fotos, un iPad, un e-Book, mi ropa y enseres, alguna herramienta casera y fotos, libros y regalos cosechados en los últimos 12 años. Lo más sería mi coche, actualmente un monovolumen de Citroen, el C3 Picasso, y lo que haya en la cuenta de ahorro en su día, que serán cuatro perras, pero cuatro al fin y al cabo.

          Es curioso, pero a veces los hijos nos sorprenden. Están al día y saben vivir sin que necesiten nuestro consejo. O al menos así pasa con la mía.

domingo, 25 de agosto de 2013

Toca dar una vuelta mas a la tuerca

Madrid, agosto de 2013

          Empiezo a no tener el mismo animo que he tenido hasta ahora pasara lo que pasara. Empiezo a estar harto de todo, de mis enfermedades, de mi soledad y de mi vida actual. Mal fario compañeros. 

          Y es que lo que necesito aquí y ahora es ver el mar, sentirlo en mis carnes, disfrutar de ello una vez mas como siempre lo hice. Por favor, llevadme hasta el mar ... (Llévame libre y salvaje, llévame hasta el mar..., de una canción de Manolo Tena)

          Estoy harto de médicos, de dolores, de miserias propias, de todo... necesito salir de este bucle que me esta jodiendo la vida y la salud. necesito ser yo, sobre todo ese yo de siempre que nada le importa mas que su vida y la de los,que le rodean. No ese yo que se pasa el día quejándose de donde y por que le duele y que es lo malo que ha hecho para que sea así.

          Necesito sobre todo sentirme útil, necesario, aunque sea para mi gato, que también existe. Necesito saber nuevamente que la vida es maravillosa y solo por el hecho de levantarse cada día merece la pena existir. y para ello necesito salir de este bucle de mierda que llevo aguantando tres años entre trombosis, embolia, bazo y cáncer de mierda.

          Acaso no tengo derecho a vivir tranquilo y relajado? No tengo derecho a vivir feliz y en armonía con mi vida y los demás? No tengo derecho a sonreír y gastar bromas y pasarlo bien como cualquier ser humano?

          Va siendo hora de dejar atrás la mierda, las lagrimas y la soledad.

          Un nuevo cambio se avecina y espero que todos lo entiendan. basta ya de quejas! Toca dar una vuelta mas a la tuerca y hasta aquí hemos llegado.

          No se si viviré uno o treinta años mas, pero prometo ser alegre, feliz y buena persona en todos los sentidos. Nada diferente a lo que fui y quiero seguir siendo mientras tenga fuerza y vida.

          Y si a nadie le gusta lo que digo, pues que le voy ha hacer, haré como el viento, ir a ninguna parte (canción de la película París-Tombuctu cantada también por Manolo Tena)

miércoles, 7 de agosto de 2013

Cansancio

Madrid, agosto de 2013

          Esta pasada noche no he dormido nada. Me he pasado la noche en vela dando vueltas sin parar, angustiado por el calor reinante y por el dolor de espalda. Cuando ha sonado del despertador, a eso de las nueve y media, no tenía fuerzas para levantarme. Era un zombi total. Ni una ducha, ni un refrescante trago de agua con limón, ni asomarme al balcón a tomar aire fresco me han servido para despejarme.
          
          Tenía cita a las 12 del mediodía con el cirujano en la Fundación Jiménez Díaz para control de mi cicatriz y del estado general de mi cuerpo tras la extirpación de bazo que se me realizo a finales de mayo. He tenido que ir en un taxi ya que me resultaba imposible caminar hasta la parada del autobús y mucho menos tenía la suficiente capacidad para conducir mi coche hasta allí. El camino hasta la Fundación ha sido en total silencio, tan solo roto por el ruido de las ambulancias o por la pregunta del taxista de que en qué puerta me dejaba.
          
          Una vez allí me ha atendido el cirujano media hora antes, lo cual es de agradecer, que si llego a quedarme sentado media hora en la sala de espera acabaría durmiendo y roncando. A la vuelta, de nuevo en taxi hasta casa y una vez aquí, nueva ducha para tratar de despejarme. Algo que no ha sido posible.
          
          Me tomo un sandwich mixto, un par de yogures con kiwi y una pastilla de paracetanol y me tumbo en el sofá a ver si descansa un poco mi cuerpo y se me termina pasando el dolor de espalda y el sueño. Pero no, es totalmente imposible. De nuevo el calor es asfixiante y si pongo el aire acondicionado un rato acabare atarugado y mas dolorido que antes.
          
          Decido por tanto dar rienda suelta a mi cabeza y cojo el iPad para enterarme de las últimas noticias, para ver mis emails y para escribir estas cuatro letras, cosa que se me antoja. Y esto es lo que me esta espabilando poco a poco. Debe ser que en cuanto usas la mente un poco y te olvidas de los problemas físicos consigues estar mas fresco. Así que nada, aguantaremos un poco más y en cuanto me entre sueño dormiremos y se acabó. Da lo mismo si son las dos o las cuatro y si me levanto a las seis o ya no me levanto. Lo primero es lo primero y descansar es lo que ahora y aquí necesito. Mas cuando puedo permitírmelo y la única obligación actual que tengo es la de vivir y recuperarme bien del todo.
          
          Sed buenos y no os dejéis llevar por el desaliento general del país.

jueves, 16 de mayo de 2013

Curioso

Madrid, mayo de 2013

          Sí, resulta la mar de curioso que en cuanto he publicado en mi blog la tardanza de la FJD, van y me llaman a primera hora y me indican cuando ingreso y cuando me operan. Sí, curioso, pero da igual, lo importante es que el 21 de este mes estaré operado y ya deseando rehabilitarme para continuar con mi vida.

          Quiero ser el Ricardo de siempre, alegre, divertido, dicharachero, con ganas locas por vivir y disfrutar de la vida. Estoy deseando ver el mar...

miércoles, 15 de mayo de 2013

El bucle

Madrid, mayo de 2013

          Estoy metido en un bucle. Un bucle administrativo. 

          Resulta que fui ingresado el 4 de abril de este año en la Fundación Jiménez Díaz por un problema de anemia provocada por lo visto por el mal funcionamiento de mi bazo, el cual a parte de no funcionar como debiera ser, estaba muy agradado. 

          Hasta aquí todo bien. pero resulta que después de varias pruebas, transfusiones de sangre, recogidas de muestras, toma de medicamentos y demás, me dan el alta hospitalaria y me envían a casa a la espera de que me llamen para proceder a la extirpación del bazo, que por lo visto es la solución a mi enfermedad.

          Desde aquel alta a pasado un mes y durante ese mes me han vuelto a sacar sangre varias veces más, he asistido a hematología tres veces, una al cirujano y otra al anestesista. he firmado los papeles oportunos para que procedan a la operación e incluso he entregado el parte de ingreso donde corresponde.

          Pero el tiempo sigue y sigue pasando y como si nada. De ahí el bucle. no hago más que ir a las citas que me indican pero no donde debo. es decir, quiero que me ingresen de una vez por todas y me operen ya, que me extirpen ese bazo que me está fastidiando la vida.

          ¿Hay alguna manera de que esto se produzca de una vez? En serio, nunca hasta la fecha me había pasado una cosa igual.

          Cuando tuve la embolia pulmonar y una trombosis en la pierna izquierda, o viceversa, los médicos del 12 de Octubre me trataron en el acto. No salí del hospital hasta que el asunto estuviese, si no resuelto del todo ya que un proceso de este tipo puede repetirse, si al menos limpio de mis trombos y con el tratamiento oportuno para procurar que no se me repitiese. Y así sigo, con mi Sintrom, pero currando, viviendo y disfrutando de la vida.

          En otra ocasión, ya hace décadas, me sentí mal, con muchos dolores en el costado e ingresé en mi sociedad. Una sociedad privada pero efectiva donde las haya. me hicieron todas las pruebas necesarias y determinaron en el acto que tenía una piedra en el riñón y con mi consentimiento, como es lógico, procedieron a sacármela al día siguiente, sin más dilación.

          En el caso que nos ocupa desde el pasado 4 de abril hasta el día de hoy, ya ha pasado mes y medio y seguimos a la espera de la esperanzadora llamada en la que me indiquen que por fin ingreso de nuevo y me extirparán el maldito bazo.

          No sé si ponerme a reír o llorar, pero espero que este bucle se resuelva lo más pronto posible, o acabaré volviéndome loco. Espera tras espera, día tras día, minuto a minuto....

lunes, 5 de marzo de 2012

Recuerdos de la infancia

Madrid, marzo de 2012

        Trato de contar alguno de los muchos recuerdos que guardo desde que vine a este mundo. Tan sólo alguno, que no se trata de contar toda mi vida al detalle, cual biografía al uso. Recuerdos que me vienen a la cabeza, aquí y ahora, en este momento. Quiero contar estos recuerdos tomando como base cada uno de los hogares en donde he vivido desde que nací hace más de 55 años.

Así que si me lo permiten comenzaré por la ciudad de Cartagena, en la provincia de Murcia, lugar donde vine a este mundo en la mañana del 18 de agosto de 1956.

Nací en casa de mis abuelos maternos, en el seno de una familia media tradicional. Mi padre, Ricardo, hoy jubilado, fue siempre un honrado trabajador de banca y mi madre, Loli, sigue siendo un ama de casa incansable. En esta misma casa nacieron también tres de mis cuatro hermanos, María, Manolo y Julio. 

No viví demasiados años en Cartagena, pues mis padres se trasladaron a principios de los 60 a Madrid, siguiendo la estela de su familia, pero si guardo algunos recuerdos muy intensos.

Como las trastadas de mi querido hermano Manolo, que cuando no destrozaba todo lo que se encontraba a mano, me daba un martillazo en la cabeza o tiraba los zapatos de la familia por el mirador. La de explicaciones que habrá tenido que dar mi madre o mi abuelo Manolo a los transeúntes a quienes les caían encima.

También recuerdo cuando entre mi hermano Manolo y yo le cortábamos, o al menos lo intentábamos, el rabillo de la boina a mi tío-abuelo Luís, mientras éste se fumaba tranquilamente un cigarrillo recién liado, sentado en su sillón preferido. Vaya enfado que cogía el buen hombre, no por el hecho en sí del corte, si no por el significado que para él, y para muchos como él, tiene el rabillo de la boina.

Recuerdo con gusto las procesiones de Semana Santa, viendo pasar esos tronos adornados de flores, con sus magníficas tallas religiosas, a los portadores y a los capirotes de las dos cofradías cartageneras más conocidas, los marrajos y los californios. Marcaban los capirotes el paso con total marcialidad, en sintonía con la música marcada por la banda que seguía cada trono.

La calle Mayor con su Casino y sus terrazas, donde nos gustaba pasear a toda la familia en cuanto mi padre disponía de tiempo y mi madre nos ponía a todos en perfecto estado de revista, bien arregladitos, como suele decirse. El paseo seguía hacia el edificio del Ayuntamiento, el submarino Peral junto al puerto, el paseo marítimo, el Club de Regatas y el castillo de Amilcar Barca, popularmente llamado el castillo de los patos.

Cuando no paseábamos con mis padres era mi abuelo materno quien nos sacaba al parque cercano e incluso a veces nos llevaba hasta la sucursal bancaria donde trabajaban mi abuelo paterno y mi padre, pasando antes por la iglesia de la Virgen de la Caridad, patrona de Cartagena.

En la misma casa en la que nací, vivían mis abuelos maternos Manolo y María, mis padres, mis otros tres hermanos y mis tío-abuelos Luís y Salustiana, hermana ella de mi abuela María. Recuerdo que era un segundo piso. En el primer piso vivía un médico de familia con su mujer, ama de casa y ayudante, y sus dos hijas, algo brutotas pero cariñosas y bien educadas.

Recuerdo que una vez me caí de cabeza desde el segundo piso hasta el rellano sin hacerme nada importante, cosa que desde entonces les sirve a mis padres para decirme cariñosamente que soy un poco cabezota. Y para ser justo he de reconocer que algo sí que lo soy, pero quien es perfecto en este mundo.

Cuando llegó el momento de trasladarnos a Madrid, éramos seis en la familia. Faltaba mi hermano pequeño, José Luís, quien nació en Madrid, en el hospital de la Paz, en noviembre de 1970.
        
        Siempre llevaré en lo más profundo de mi memoria esta etapa de mi vida en Cartagena y la imagen de todos los que vivieron en torno a mi y la familia.