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jueves, 19 de septiembre de 2013

Difícil profesión

Madrid, 19 de septiembre de 2013

          La verdad es que si te dedicas a medicina o enfermería, tienes que ser muy especial. Además de la vocación y de la profesionalidad, que se dan por supuestas, no es fácil dedicarse a una profesión en la que todo lo que te rodea no es más que enfermedades y muerte.

          En el caso de los médicos, una vocación de querer ayudar y sanar al pobre paciente, bien sea como médico de familia, especialista o cirujano. Cuantas veces estos últimos habrán tenido que operar sabiendo que la vida del paciente esta en sus manos y le habrán podido sanar o no habrán podido hacer nada porque no había ningún tipo de solución. 

          Y esto después de miles de casos puede que sea una rutina, pero cuando empiezas debe ser complicado. No por la falta de práctica, que naturalmente la tienen, si no porque ese paciente esta ahí mirándote y silenciosamente diciéndote: sálvame por favor. 

          Y a veces no es posible y me figuro que cada caso que se les va en la mesa de operaciones será un mal trago, un fallo, un error. Pero realmente no lo es, que no siempre es posible, pero el mal sabor de boca queda. No quiero ni pensar si el paciente fuese de su propia familia y no tuviese más remedio que asistirle.

          Tampoco es lo mismo una operacion programada, en la que dispones de todo el tiempo necesario para subsanar el entuerto, que una intervencion por urgencias en la que la celeridad es la clave para salvar una vida.

          Pero y el caso de los enfermeros de los centros hospitalarios? Que fuerza moral hay que tener para aguantar día a día a decenas de pacientes quejándose, chillando, orinandose, haciéndose de vientre, vomitando, escupiendo o lo que se les ocurra. Y todo esto sin flaquear ni perder la sonrisa y la necesaria templanza para que el paciente se encuentre al menos bien cuando le atienden.

          Y seamos sinceros, hay pacientes que, como su nombre indica, lo son, pero muchos otros  piensan que estas personas sólo trabajan para ellos y se pasan el día llamando mil veces, dando órdenes continuamente y molestando a medio hospital, incluido a quien le toque de compañero de habitación.

          Como escuche hace poco, tiene que gustarte mucho la profesión de enfermería para estar la mayoría de las veces rodeado de pus, sangre, mierda, chochos viejos, rabos arrugados y culos caídos. Hay que ser un profesional como la copa de un pino.

          Así qué mi más sincera admiración a estos colectivos de gente que trabaja para nosotros vocacional e incansablemente. Lástima que no lo vea así la administración española y les tenga en mayor aprecio.

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