Madrid, enero de 2012
Ahora resulta que si algo no nos gusta , lo mejor es que desaparezca, que deje de existir o funcionar.
Curiosa afirmación que lo que viene a reflejar es que no estamos conformes con nada y que lo único que aceptamos es nuestra opinión y nuestro pensar. Esto no puede ser así. Esta forma de pensar debe ser el fruto de un descontento personal en el que mezclamos nuestras propias frustraciones con las que nos produce la situación económica y social.
En el fondo ¿Qué es lo que realmente queremos? ¿Qué desaparezcan los partidos políticos porque no nos representan? ¿O los bancos porque no nos dan créditos y nos quitan los ahorros? ¿Qué sea el Rey, quien no contenta a casi nadie? Y por qué no eliminar todo lo que nos estorba. Eliminemos los parásitos, los caraduras, los pelotas rastreros, los violentos, el lumpen y lo que se nos ocurra.
Y ya puestos, ¿Por qué no eliminar la democracia?
Sería fantástico no tener ningún modelo de gobierno. Mejor, seamos un pueblo anarquista. ¿Por qué no? A ver si una de estas tardes nos reunimos en la plaza mayor de cualquier ciudad o pueblo los 46 millones de españolitos y decidimos qué hacer. Bueno no, los menores de dieciocho años, los mayores de 67, los parados, las amas de casa, los indocumentados, los encarcelados, y quienes creáis que no deberían de tomar decisiones en una asamblea popular, a esos también los quitamos. Que se jodan. Sólo los que piensen como nosotros tendrán derecho a estar en esa asamblea. Sí, así mejor. Por supuesto, todo el que esté en desacuerdo que ni aparezca.
Y claro, sin darnos cuenta hemos pasado de una anarquía a una dictadura en unos cuantos párrafos. Sería igual si quien dirigiera la nación fuese un militar, un civil o un indocumentado. El caso es que piense como nosotros. Así, con dos cojones...
Conmigo no contéis para eliminar miles de ideas, millones de voces distintas a las mías. Conmigo no contéis para propagar un pensamiento único y atroz.
¿Cuándo aprenderemos que la única manera de hacer las cosas es entre todos, unidos, intercambiando ideas y asumiendo las de los demás, aunque para ello tengamos que ceder en la nuestra, que de eso se trata. Eso es democracia y eso es saber estar.
Y claro, volvemos al principio. Si nos unimos habría que darle un nombre a cada una de las uniones resultantes. Habrá que crear unas formaciones con unos principios que sean aceptados por todos. Habremos formado sin darnos cuenta nuestros propios partidos políticos.
Y si queremos que sirvan socialmente para algo, habrá que darle un nombre y un sentido a la forma de gobernarnos entre todos. Habrá que crear de nuevo una democracia, una república o como queramos que se llame. En una palabra, volvemos a donde estábamos, a lo que tenemos. A lo que nos costó llegar después de cuarenta años de dictadura y de opresión.