Alcudia

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Puerto de Alcudia

jueves, 5 de septiembre de 2013

Ajustes vivenciales

Madrid, septiembre de 2013

          Hace unos días, hablando con mi querida hija, esta me recordó que nunca he pensado en que tarde o temprano, podría sucederme algo grave que me llevara al huerto. Y me lo decía no porque ella tenga mucho interés en que me pase, que más bien le gustaría que yo durase mucho y bien.

          Y me di cuenta que tiene razón, hay que pensar en estas cosas aunque no sean de agrado. Yo vivo solo y lo poco que tengo, Mis pertenecias y algunos,pocos euros, están sólo a mi nombre y para uso y disfrute personal.

          Así qué me veré en la obligación de darle una lista detallada de mis pertenencias, de los seguros que tengo, donde hay que llamar si fallezco y ponerla como autorizada en la cuenta bancaria que poseo. Que al fin y al cabo ella es mi única heredera y siempre será mejor que lo disfrute ella que se lo quede Hacienda o el banco. 

          Ella, hipotecada por casi cuarenta años, sabe bien que no se deben dejar las cosas así a la ligera. Todo lo tiene estipulado con el notario, con su madre y con el banco, que para ello le exigió este ultimo un seguro de vida y uno contra la hipoteca por sí las moscas sucediera lo inevitable. Ojalá que no. Que no hay cosa más triste que ver morir a un hijo.

          No obstante, y esto es cierto, poco le quedaría por mi parte. Un ordenador portátil, una cámara de fotos, un iPad, un e-Book, mi ropa y enseres, alguna herramienta casera y fotos, libros y regalos cosechados en los últimos 12 años. Lo más sería mi coche, actualmente un monovolumen de Citroen, el C3 Picasso, y lo que haya en la cuenta de ahorro en su día, que serán cuatro perras, pero cuatro al fin y al cabo.

          Es curioso, pero a veces los hijos nos sorprenden. Están al día y saben vivir sin que necesiten nuestro consejo. O al menos así pasa con la mía.

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